Las vías están sujetas a movimientos verticales debido a la carga cíclica de los trenes; a menudo, este movimiento es visible a simple vista durante el paso de los trenes.
Este movimiento excesivo es perjudicial para las vías y, por lo tanto, para la seguridad de las estructuras y los pasajeros; además, los fragmentos de áridos rotos reducen la capacidad de drenaje, una característica fundamental en el caso de las estructuras ferroviarias.
En estos casos, es necesario restablecer las condiciones de funcionamiento rellenando los huecos y compactando el balasto; estas operaciones obligan a interrumpir la circulación de los trenes, lo que genera molestias a los pasajeros.
Para evitar estas situaciones, es necesario aumentar el rendimiento del balasto utilizando la geomalla LBO 370: cuando el balasto se extiende sobre la geomalla, los elementos del agregado se encajan en la malla del producto, generando un mecanismo de enclavamiento entre el balasto y la geomalla.
La resistencia a la tracción de la geomalla LBO 370, junto con el mecanismo de enclavamiento, mejora las características del balasto, reduce los desplazamientos verticales y aumenta la vida útil de los materiales; todo ello se traduce en un beneficio económico (reducción de las intervenciones de mantenimiento extraordinario) y en una mayor funcionalidad de la línea ferroviaria (menos interrupciones para los pasajeros).